


Esteban Domecq: por qué el 80% de la economía sigue trabado y el dólar vuelve al centro de la escena



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La economía argentina enfrenta una paradoja que comienza a definir la próxima etapa del programa económico: los grandes indicadores muestran avances, pero buena parte de las empresas y consumidores todavía no percibe una recuperación sostenida.
El economista Esteban Domecq, fundador y director de Invecq Consulting, describe el actual proceso como una recuperación con forma de “raíz cuadrada”: una caída profunda, un rebote rápido y posteriormente una etapa de estancamiento.
El problema está en la composición de esa recuperación. Los sectores que actualmente muestran mayor dinamismo representan menos del 20% de la actividad, mientras que el mercado interno, que concentra cerca del 80% de la economía, continúa prácticamente trabado.

El dólar vuelve a ser una variable decisiva
Uno de los principales desafíos aparece nuevamente en el frente cambiario. El esquema actual comienza a mostrar señales de agotamiento y podría requerir una corrección gradual que permita recuperar competitividad.
Domecq plantea un tipo de cambio que podría dirigirse hacia una zona de $1.750 a $1.800, aunque advierte que el verdadero desafío será evitar movimientos bruscos.
Una corrección abrupta podría trasladarse rápidamente a precios y afectar nuevamente los ingresos reales. Allí aparece uno de los mayores dilemas de la política monetaria argentina: mantener tasas elevadas ayuda a contener al dólar y sostener la desinflación, pero simultáneamente encarece el financiamiento y dificulta la reactivación del mercado interno.

Ingresos, empleo y crédito: los tres límites del consumo
La desaceleración inflacionaria permitió reducir el deterioro del poder adquisitivo, pero la recuperación de los ingresos continúa siendo débil.
El mercado laboral tampoco consigue consolidarse. La pérdida mensual de empleo privado se habría reducido desde aproximadamente 15.000 puestos hasta unos 7.000, aunque todavía no aparece un piso claro.
A eso se suma un problema adicional: el deterioro de la calidad crediticia. La morosidad de las familias habría pasado del 5% al 12%, aumentando el riesgo para las entidades financieras y reduciendo las posibilidades de una expansión fuerte del crédito.
De esta manera, se configura una combinación complicada para el consumo: tasas elevadas, recuperación salarial limitada, empleo débil y menor capacidad de financiamiento.

El verdadero desafío está en la economía cotidiana
De cara a 2027, el análisis plantea dos condiciones centrales.
La primera es evitar una crisis cambiaria que vuelva a deteriorar ingresos y expectativas. La segunda, y posiblemente más compleja, consiste en conseguir que la estabilidad macroeconómica se convierta en crecimiento económico sostenible, mayor actividad, recuperación del crédito y mejores ingresos.
Porque estabilizar las grandes variables ya no sería suficiente. La próxima etapa estará determinada por la capacidad de trasladar esa estabilidad hacia comercios, industrias, PyMEs y consumidores.
El desafío, entonces, será encontrar el equilibrio entre dólar, inflación y actividad. Y principalmente conseguir que la mejora deje de observarse solamente en los indicadores macroeconómicos y comience a sentirse también en la economía real de empresas y familias.




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