


Santiago Bullat analiza el clima económico:



Tiempo de lectura: 1:45 min
Un escenario donde la estabilidad todavía no se consolida
Bullat sostiene que la economía muestra ciertos ordenamientos macroeconómicos, pero carece de señales firmes de recuperación. La inflación se desacelera, pero a costa de una fuerte caída en el poder de compra y de una actividad que no encuentra piso.
El consumo masivo se mantiene débil y sectores comerciales y de servicios enfrentan caídas pronunciadas en ventas, un comportamiento que ya se extiende más de lo esperado por el mercado.
El economista remarca que, lejos de anticipar un rebote inmediato, los indicadores disponibles muestran una sociedad que ajusta gastos esenciales y un sistema productivo que opera con cautela extrema.

El dólar como termómetro de expectativas
Uno de los puntos centrales del informe es el rol que juega el tipo de cambio. Aunque la brecha no es explosiva, Bullat advierte que el mercado permanece sensible a cualquier señal política o fiscal.
La percepción de atraso cambiario, sumada a la falta de un flujo robusto de divisas comerciales, genera un clima donde la estabilidad nominal resulta frágil.
Según el análisis, el dólar funciona hoy más como un “indicador psicológico” que como una variable puramente económica: cualquier movimiento brusco en reservas, tasas o inflación podría reactivar tensiones.

Empresas y familias operan en modo supervivencia
Bullat señala que tanto el sector privado como los hogares adoptaron estrategias defensivas.
Las familias priorizan compras esenciales, posponen consumos discrecionales y ajustan al máximo el gasto en bienes durables.
Las empresas, por su parte, administran inventarios con extremo cuidado y evitan decisiones de inversión significativas hasta tener mayor claridad sobre el programa económico.
El informe señala que esta conducta conservadora se volvió una característica transversal del momento económico y explica la lentitud con que reacciona la demanda interna.
El ajuste fiscal y sus efectos sobre la actividad
Para Bullat, el ancla fiscal sigue siendo la apuesta del Gobierno, pero su impacto recesivo continúa condicionando la dinámica económica.
El equilibrio fiscal, advierte, es un requisito para recuperar credibilidad, pero su implementación en un contexto de debilidad de ingresos genera tensiones en sectores productivos y comerciales.
La actividad, apunta, podría mostrar alguna mejora recién cuando se combinen tres factores: estabilidad más duradera, señales claras de recuperación salarial y un repunte en el crédito privado.

Un cierre marcado por la incertidumbre
El economista concluye que la economía argentina transita una fase de transición en la que conviven expectativas de ordenamiento con dudas estructurales.
Para Bullat, el desafío central no pasa solo por estabilizar variables, sino por generar condiciones para que el sector privado recupere confianza y vuelva a planificar.
“Los próximos meses serán decisivos”, sintetiza el informe, que retrata un país en pausa, con riesgos latentes y con un consumo que aún no encuentra señales firmes de alivio.




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