
Los feriados que caen sábado o domingo ya no se perderán: un decreto oficial permite trasladarlos para garantizar fines de semana largos y más movimiento económico.
El programa económico mantiene fija la cantidad de dinero y dispara tasas altísimas. Mientras tanto, los precios de bienes se moderan y los servicios siguen empujando. ¿Qué camino conviene seguir, el lado dulce o el lado agrio del modelo?
Opinión26 de agosto de 2025 Infoempresas⌚ Tiempo de lectura: 2:00 min.
La economía argentina transita un modelo particular: la base monetaria permanece fija mientras la demanda de dinero crece. Esto produce un efecto inmediato: tasas de interés estratosféricas y un mercado dividido entre quienes ajustan precios sin éxito y quienes buscan crecer por cantidad vendida. En este escenario, los servicios regulados (agua, gas, electricidad) se convierten en los grandes protagonistas de la inflación, mientras que alimentos e indumentaria muestran variaciones mucho menores.
Inflación, entre bienes y servicios
En los últimos 12 meses el IPC general subió 36,6%, pero con fuertes diferencias:
Indumentaria: 27,3%
Alimentos: 30,6%
Bebidas alcohólicas: 29,4%
Vivienda, agua, gas y electricidad: 62,0%
En la comparación mensual:
Indumentaria: deflación de -0,9%
Alimentos: +1,9%
Bebidas alcohólicas: +0,6%
Servicios (agua, gas, electricidad): +1,5%
El análisis muestra que la desregulación tarifaria empieza a moderarse, lo que puede traer un escenario de menor inflación futura.
Rentabilidad: vender más vs. subir precios
Con el dinero restringido, la lógica del mercado cambia:
Quien sube precios, vende menos.
Quien baja precios, puede vender más.
La ganancia ya no se obtiene por precio, sino por cantidad vendida. Esto obliga a las empresas a replantear sus estrategias: eficiencia, costos ajustados y marketing para ganar volumen.
El dólar en un sistema de pesos fijos
El clásico “pass through” (cuando la suba del dólar se traslada a precios) no funciona bajo este modelo.
Si todos compran dólares, sube momentáneamente su valor, pero caen las ventas de bienes.
Eso obliga a bajar precios para mantener competitividad.
A su vez, quienes venden menos necesitan ofrecer dólares para cubrir gastos, generando un efecto pendular.
El dilema de las empresas: lado dulce o lado agrio
Según Salvador Di Stéfano, los empresarios enfrentan dos caminos:
Lado agrio: seguir la receta antigua de subir precios y atesorar dólares en el colchón.
Lado dulce: apostar por el negocio en pesos, aprovechar instrumentos financieros como cauciones, Lecaps y Boncaps, invertir en marketing y capacitación, y crecer a través del volumen vendido.
Bajo un esquema capitalista, el rumbo es claro: competitividad, reducción de costos y precios atractivos para sostener negocios de manera sostenible.
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