Empleo joven en Argentina: solo el 14,2% accede a un trabajo formal y el 85,5% llega sin dinero al día 20

Casi 7 de cada 10 jóvenes están inactivos, desempleados o en empleos irregulares. A la dificultad para conseguir un trabajo estable se suman una fuerte desigualdad educativa, pérdida de ingresos, vulnerabilidad social y un creciente desánimo frente al mercado laboral.
Actualidad31 de agosto de 2026 Infoempresas
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⌚ Tiempo de lectura: 2:10 min.

Conseguir un empleo registrado y con derechos se convirtió en una excepción para buena parte de los jóvenes argentinos. Apenas el 14,2% de quienes tienen entre 18 y 25 años accede a un empleo pleno, mientras que la mayoría transita entre trabajos precarios, desempleo o directamente permanece fuera del mercado laboral.

Pero la radiografía juvenil muestra algo más profundo: las dificultades laborales se combinan con desigualdad educativa, vulnerabilidad económica y desvinculación social, generando condiciones muy diferentes según el hogar de origen.

Casi 7 de cada 10 están fuera del empleo estable

El 30,2% de los jóvenes tiene un empleo regular, aunque dentro de ese grupo un 16% trabaja en condiciones precarias. Además, el 22,5% atraviesa un empleo irregular o un desempleo reciente, otro 10,7% lleva más de seis meses sin trabajo y la inactividad alcanza al 36,6%.

En otras palabras, casi 7 de cada 10 jóvenes no cuentan con una inserción laboral estable y protegida.

La desigualdad económica profundiza esa brecha. El empleo regular alcanza al 38,9% entre los jóvenes del estrato medio alto, pero cae al 19,7% en el estrato muy bajo. En sentido contrario, el empleo irregular o desempleo reciente aumenta del 11,6% al 30,6%.

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El 49% enfrenta vulnerabilidad socioeconómica

Otro indicador amplía la dimensión del problema: el 49% de los jóvenes de entre 18 y 29 años se encuentra en situación de vulnerabilidad socioeconómica.

Dentro de ese universo, el 60,5% tiene el secundario incompleto o un nivel educativo inferior, mostrando cómo la falta de formación y las dificultades económicas tienden a retroalimentarse.

El escenario educativo general también resulta preocupante: el 39,6% de los jóvenes de 18 a 25 años no completó la secundaria, mientras solo el 32,4% asiste o completó estudios superiores.

El desempleo también genera desánimo

No todos los jóvenes sin trabajo continúan buscando activamente una oportunidad.

Entre los jóvenes vulnerables que manifestaron estar desempleados, solo 4 de cada 10 habían buscado empleo recientemente.

El dato incorpora un fenómeno cada vez más relevante para el mercado laboral: el desánimo laboral. Después de atravesar reiteradas dificultades para conseguir empleo, una parte de los jóvenes termina alejándose incluso de la búsqueda.

A esto se suma que el 20,7% no estudia ni trabaja. En el estrato socioeconómico muy bajo, esa proporción escala al 34,2%, mientras entre los sectores medio altos representa apenas el 8,3%.

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La desigualdad también impacta en el bienestar

Las consecuencias exceden ampliamente al mercado de trabajo. El 21,4% de los jóvenes presenta malestar psicológico, aunque la incidencia cambia significativamente según la posición socioeconómica.

En el estrato medio alto alcanza al 15,5%, mientras que entre los jóvenes del estrato muy bajo asciende al 28,5%.

También aparecen diferencias marcadas en las redes de apoyo social. El 15,7% de los jóvenes pertenecientes al estrato muy bajo declara no tener amigos, frente a apenas el 1,7% registrado entre quienes pertenecen a sectores medio altos.

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El 85,5% llega al día 20 sin dinero

La precariedad laboral termina trasladándose rápidamente al bolsillo.

El 85,5% de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible, contra el 60,6% de las personas de entre 40 y 59 años.

El dato sintetiza buena parte del problema: menores ingresos, poca capacidad de ahorro, dificultades para independizarse y escaso margen para enfrentar gastos imprevistos.

Para empresas y políticas públicas, el desafío ya no pasa únicamente por generar puestos de trabajo. También requiere fortalecer la capacitación laboral, el primer empleo, las habilidades digitales, la terminalidad educativa y los mecanismos que permitan revincular a quienes dejaron de estudiar y también abandonaron la búsqueda laboral.

La crisis del empleo joven termina así configurando un problema económico de largo plazo: una generación con mayores dificultades para ingresar al mercado formal, sostener su consumo, ahorrar y construir autonomía económica.

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