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La caída del tipo de cambio puede dar alivio transitorio, pero con precios al 3% mensual la estabilidad sigue siendo frágil.
Opinión13 de febrero de 2026 Infoempresas


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El tipo de cambio mostró una baja en las últimas semanas y se ubicó en torno a los $1420, unos $60 por debajo del cierre de 2025. El movimiento, en apariencia positivo, reabrió una discusión clave: ¿es saludable que el dólar caiga cuando la inflación mensual sigue cerca del 3%?
La advertencia es clara: el problema no es que el dólar baje, sino que lo haga en un entorno donde los precios internos continúan subiendo con fuerza. En ese escenario, la estabilidad puede ser apenas transitoria.

La experiencia argentina muestra que los extremos suelen anticipar correcciones bruscas. Un dólar que cae demasiado en un contexto inflacionario genera la percepción de atraso cambiario y alimenta expectativas de ajuste futuro.
La lógica es simple: si los precios internos suben mes a mes y el tipo de cambio no acompaña, el equilibrio se vuelve frágil. La estabilidad deseable es aquella donde el dólar se mueve en línea con la inflación, sin desfasajes pronunciados.
Ni un salto abrupto ni una baja excesiva contribuyen a la previsibilidad. Lo que busca el mercado es un sendero consistente.
El dato estructural que condiciona el escenario es la persistencia inflacionaria. Con registros mensuales que rondan el 2,5% o 3%, cualquier movimiento del tipo de cambio adquiere mayor sensibilidad.
Si el dólar retrocede mientras los precios siguen subiendo, se profundiza la percepción de atraso. Y cuando esa percepción se instala, el riesgo de un rebote aumenta.
Para empresas importadoras y exportadoras, este desfasaje complica la planificación. Un dólar estable en términos nominales no garantiza estabilidad real si la inflación erosiona el equilibrio.
En este contexto, la intervención oficial adquiere relevancia. La compra de dólares cuando la cotización cae busca evitar un nivel que el mercado considere insostenible.
La estrategia apunta a moderar la volatilidad y sostener un sendero que no genere expectativas abruptas de corrección. La experiencia reciente muestra que las expectativas son un factor determinante en la dinámica cambiaria argentina.
En paralelo, el debate sobre la posibilidad de alcanzar una inflación que comience con “0” en agosto alimenta expectativas políticas y económicas. Sin embargo, el contexto actual muestra que la desaceleración no es lineal.
Bajar la inflación de niveles de dos dígitos mensuales a un dígito fue un proceso complejo, pero reducirla del 2% al 1% implica un desafío mayor. El ajuste pendiente de tarifas y precios relativos actúa como freno a una baja acelerada del índice.
En este marco, el escenario más probable es una desaceleración gradual, no un quiebre abrupto hacia niveles mínimos en el corto plazo.

La estabilización cambiaria y monetaria tiene costos. La contracción de la actividad económica fue uno de ellos. La reducción del “ruido electoral” mejoró expectativas, pero el crecimiento aún no logra consolidarse.
Para el sector empresario, el equilibrio es delicado: un dólar estable ayuda a planificar, pero una economía en retracción limita ventas y expansión.
Para pymes y empresas del interior, el movimiento del tipo de cambio tiene efectos directos sobre precios, insumos y márgenes.
Un dólar demasiado bajo puede afectar competitividad exportadora.
Un dólar que rebota abruptamente encarece importaciones y costos productivos.
La estabilidad relativa es el escenario más favorable para sostener actividad.
En provincias como Chaco, donde muchas cadenas productivas dependen de insumos dolarizados o de exportaciones primarias, la previsibilidad cambiaria es clave para mantener empleo y flujo comercial.

Para InfoEmpresas, el debate no pasa por celebrar una baja puntual del dólar, sino por consolidar un esquema donde tipo de cambio e inflación converjan de manera consistente.
Mientras la inflación mensual siga cerca del 3%, cualquier movimiento abrupto del dólar —hacia abajo o hacia arriba— puede generar tensiones.
La verdadera señal de estabilidad será aquella donde la inflación logre desacelerarse de forma sostenida y el dólar acompañe ese proceso sin atrasos ni saltos bruscos. Hasta entonces, el equilibrio seguirá siendo frágil y el riesgo de rebote, latente.



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La caída del tipo de cambio puede dar alivio transitorio, pero con precios al 3% mensual la estabilidad sigue siendo frágil.

El problema no es cómo se mide el índice, sino por qué la inflación no logra perforar el 2% mensual.