


La industria argentina se parte en dos: quiénes ganan y quiénes pierden en la nueva economía sin inflación, la visión de Salvador Di Stefano



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La industria argentina está atravesando una transformación profunda. Lo que durante años funcionó como una ventaja competitiva —inflación alta, crédito licuado, energía subsidiada y restricciones a las importaciones— dejó de ser un motor de ganancias.
Hoy, con una economía más estable, comienza a consolidarse una nueva división dentro del sector manufacturero: por un lado, empresas que logran crecer gracias a la productividad, la escala y las exportaciones; por otro, actividades que dependen casi exclusivamente del mercado interno y enfrentan mayores dificultades para sostener sus niveles de actividad.

Una industria que perdió terreno
Los números muestran una realidad contundente. Mientras la economía argentina en su conjunto logró expandirse durante las últimas dos décadas, la industria manufacturera quedó rezagada.
Según el análisis elaborado por el economista Salvador Di Stefano, la producción industrial de 2026 se ubica aproximadamente un 8,5% por debajo de los niveles registrados en 2016, evidenciando una pérdida de peso relativo dentro de la economía nacional.
La estabilización económica dejó al descubierto una realidad que durante años permaneció oculta detrás de la inflación: la diferencia entre empresas eficientes y aquellas que dependían de distorsiones económicas para mantener rentabilidad.
Los sectores que encontraron oportunidades
No todas son malas noticias para la industria.
Las actividades vinculadas a alimentos, energía y recursos naturales muestran indicadores positivos incluso en el nuevo contexto.
Entre los casos más destacados aparecen:
• Alimentos y bebidas, con niveles de producción superiores a los de 2016.
• Carne vacuna, cuya producción se mantiene más de un 21% por encima de los registros de hace una década.
• Refinación de petróleo, donde la producción de gasoil y naftas supera ampliamente los niveles históricos.
Además, estos sectores también registraron mejoras en empleo y resultados empresariales durante los últimos años, algo que no ocurre en gran parte de la industria manufacturera.

Los grandes perdedores del cambio
La otra cara de la moneda aparece en sectores históricamente ligados al consumo interno.
Los rubros más afectados son:
• Textiles.
• Indumentaria y calzado.
• Caucho y plástico.
• Minerales no metálicos.
• Metalurgia tradicional.
En muchos casos, la caída no sólo se refleja en la producción sino también en el empleo, afectado por una menor demanda, una mayor competencia importada y el incremento de costos operativos.
Del negocio financiero al negocio productivo
Durante años, muchas empresas encontraron ganancias sin necesidad de aumentar significativamente su productividad.
La fórmula era conocida: financiarse en pesos, acumular stock, remarcar precios y cancelar deudas con moneda depreciada.
En ese contexto, los inventarios funcionaban como una cobertura financiera más que como una herramienta productiva.
Hoy la lógica cambió.
Las compañías que logren destacarse serán aquellas capaces de:
-Mejorar procesos.
-Incorporar tecnología.
-Reducir costos.
-Ganar escala.
-Encontrar mercados externos.
-Generar valor agregado real.

El desafío que viene
La conclusión del informe es clara: Argentina no necesita elegir entre industria, campo, energía o minería. El desafío consiste en construir una industria apoyada en las ventajas competitivas que ya posee el país.
La rentabilidad del futuro ya no dependerá de cuánto aumentan los precios, sino de cuánto aumenta la productividad.
Para muchas empresas la transición será compleja. Sin embargo, quienes logren adaptarse a esta nueva realidad tendrán mayores posibilidades de crecer en una economía donde la eficiencia vuelve a ocupar el centro de la escena.




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