
Descuentos y cuotas sin interés reaparecen como una herramienta clave para atravesar uno de los picos de gasto del año.


La mayoría de los trabajadores perdió poder adquisitivo y el sueldo se agota entre alquiler, alimentos y deudas.
Actualidad11 de febrero de 2026 Infoempresas


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El salario volvió a quedar en el centro de la escena económica, pero no como motor del consumo, sino como variable de ajuste permanente. En el último año, el 58% de los trabajadores perdió poder adquisitivo, un dato que confirma una sensación extendida: el ingreso mensual dura cada vez menos y alcanza para cubrir cada vez menos cosas.
La dinámica es clara. Apenas el sueldo se acredita, una parte significativa ya tiene destino asignado. Alquiler, servicios, cuotas y deudas absorben el ingreso antes de que exista margen real de decisión. La pregunta dominante dejó de ser cuánto sobra y pasó a ser cómo llegar a fin de mes.

La pérdida de poder adquisitivo no es solo local, pero en Argentina adquiere una dimensión particular. El deterioro del salario fue el más alto de la región relevada, lo que posiciona al país como uno de los casos más críticos en términos de capacidad real de compra.
Mientras solo un 10% de los trabajadores percibe alguna mejora, la mayoría siente un empeoramiento sostenido. Este desfasaje no solo afecta el consumo, sino también la percepción de estabilidad y la planificación a mediano plazo.
Uno de los datos más elocuentes del relevamiento es la velocidad con la que se consume el ingreso.
El 26% de los trabajadores afirma que su sueldo dura apenas dos semanas.
El 24% asegura que el día de cobro es, en los hechos, un día de pago, porque el 100% del salario se destina de inmediato a cancelar cuentas pendientes.
Este patrón revela una economía doméstica sin colchón, donde no hay margen para absorber imprevistos y cualquier gasto extraordinario obliga a endeudarse.
El destino del salario explica gran parte del problema. Dos rubros concentran más del 70% de los gastos prioritarios de los trabajadores:
Alquiler, con el 43% de las menciones.
Alimentación, con el 30%.
Detrás aparecen el pago de deudas, la educación, el transporte y la salud, pero no porque sean accesibles, sino porque quedan relegados frente a lo urgente. El salario se orienta a sostener lo básico, no a mejorar la calidad de vida.
Los datos oficiales refuerzan este diagnóstico. La canasta básica alimentaria y la canasta básica total registraron aumentos significativos en el cierre de 2025, con subas mensuales que superaron el ritmo de actualización salarial.
El resultado es un círculo difícil de romper: cuando vivienda y comida absorben casi todo el ingreso, no queda espacio para educación, salud o movilidad, y mucho menos para ahorro. El salario pierde su función de organizador del consumo y se transforma en un recurso defensivo.

La consecuencia directa es la desaparición del ahorro como práctica generalizada.
Nueve de cada diez trabajadores no pueden ahorrar, y solo un 11% logra guardar algo a fin de mes. No se trata de una decisión financiera, sino de una imposibilidad estructural.
Entre quienes no ahorran, la razón principal es clara: el salario no alcanza. Otros señalan la prioridad de pagar cuentas y la carga de gastos fijos elevados. En el pequeño grupo que sí logra reservar dinero, predominan estrategias defensivas, orientadas a preservar valor más que a invertir productivamente.
El endeudamiento completa el cuadro. El 72% de los trabajadores tiene algún tipo de deuda, lo que confirma que el crédito dejó de ser una herramienta para proyectos y pasó a ser un recurso para sostener el consumo cotidiano.
En este contexto, el salario queda tensionado incluso en su función más básica. No alcanza para cubrir el mes y obliga a adelantar ingresos futuros para resolver necesidades presentes.
Frente a este escenario, la demanda es unánime: todos quieren un aumento salarial. Sin embargo, el destino de ese ingreso extra revela la lógica actual.
La prioridad no es el consumo expansivo, sino ordenar las cuentas. La mayoría destinaría un eventual aumento a pagar deudas, ahorrar o cubrir gastos esenciales.
Esto muestra que incluso una mejora del salario no se traduciría automáticamente en mayor consumo, sino en recomponer equilibrios dañados.
Para empresas y pymes, este fenómeno redefine el mercado interno. Un salario que pierde poder de compra implica consumidores más selectivos, menor frecuencia de compra y mayor sensibilidad al precio.
La caída del ingreso real también condiciona negociaciones salariales, costos laborales y expectativas de demanda. En muchos sectores, vender más ya no depende de ampliar oferta, sino de adaptarse a un cliente que compra menos y compara más.

En el interior del país, donde los salarios suelen ser más bajos y la estructura de gastos es más rígida, el impacto es aún mayor. Provincias como Chaco enfrentan un escenario donde el ingreso se agota en gastos fijos, reduciendo el consumo local y afectando directamente al comercio y a las economías regionales.
El deterioro salarial no es solo un problema social, sino también un freno al desarrollo local, porque limita la circulación de dinero y la actividad empresarial.
Para InfoEmpresas, la pérdida de poder adquisitivo del salario es una de las claves para entender la economía actual. Mientras el ingreso no recupere capacidad real de compra, el consumo seguirá condicionado y el crecimiento será frágil.
Revertir esta tendencia requiere algo más que desacelerar la inflación. Implica recuperar el salario real, generar empleo de calidad y reducir la presión de los gastos estructurales, como vivienda y servicios. Sin ese cambio, el salario seguirá corriendo detrás de las necesidades, y con él, gran parte de la economía real.



Descuentos y cuotas sin interés reaparecen como una herramienta clave para atravesar uno de los picos de gasto del año.

La mayoría de los trabajadores perdió poder adquisitivo y el sueldo se agota entre alquiler, alimentos y deudas.

Deudas millonarias, cheques sin fondos y plantas paralizadas ponen en jaque a la principal avícola del país.

El sector perdió trabajo registrado, bajó salarios reales y sostiene actividad con ocupaciones precarias, aun con años de protección.