


El empleo textil se sostiene cada vez más en la informalidad



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Un sector que resiste, pero en peores condiciones
La industria textil argentina atraviesa una paradoja profunda. A pesar de haber sido uno de los sectores históricamente más protegidos de la economía, el empleo formal no creció y las condiciones laborales se deterioraron de manera sostenida. Hoy, buena parte de la actividad se sostiene gracias a ocupaciones informales y cuentapropistas, un fenómeno que expone límites estructurales del modelo aplicado durante más de una década.
Un informe reciente vuelve a poner el foco en este punto incómodo: la discusión entre proteccionismo y apertura comercial suele tapar lo más relevante, que es cómo lograr una integración eficiente y sostenible, capaz de generar empleo genuino y salarios en alza.

Más protección, menos empleo registrado
Los datos muestran una tendencia clara. En 2012, el sector textil contaba con 118 mil asalariados registrados y alrededor de 204 mil trabajadores informales o cuentapropistas. Once años después, en 2023, los empleos formales habían caído a 105 mil, mientras que los informales crecían hasta 261 mil.
La situación no mejoró en 2025. Ese año, el empleo registrado descendió a 97 mil puestos, y aunque la informalidad se redujo levemente, siguió siendo dominante, con 248 mil ocupaciones no registradas. El balance es contundente: menos empleo formal y más precarización, incluso en un sector protegido.
Salarios reales en caída sostenida
El deterioro no se limita a la cantidad de puestos de trabajo. Las remuneraciones reales del sector textil cayeron un 31% entre 2012 y 2025, profundizando la pérdida de poder adquisitivo de quienes permanecen empleados.
Esto implica que el modelo no solo fracasó en crear empleo de calidad, sino que tampoco logró sostener ingresos dignos, aun cuando el sector trasladó parte de sus costos al precio final de la ropa.
Ropa más cara, pero sin mejores empleos
Uno de los argumentos clásicos a favor del proteccionismo es que encarece el costo de vida como una “inversión” para desarrollar industria y empleo nacional. Sin embargo, los datos de precios y empleo muestran un resultado contradictorio.
Entre diciembre de 2019 y noviembre de 2023, el rubro prendas de vestir aumentó un 47% por encima de la inflación, encareciendo el consumo para todos los hogares. Aun así, ese mayor precio no se tradujo en más empleo formal ni en mejores salarios.
La consecuencia es doblemente regresiva: ropa más cara para las familias y empleo más precario para los trabajadores del sector.
Informalidad como mecanismo de supervivencia
Lejos de ser un fenómeno marginal, la informalidad se volvió el principal sostén del empleo textil. Talleres informales, tercerización sin cobertura legal y trabajo por cuenta propia explican gran parte de la actividad.
Este esquema permite sostener producción a corto plazo, pero genera efectos negativos de largo alcance: baja productividad, ausencia de protección social, menor recaudación y alta vulnerabilidad laboral. En lugar de ser una etapa de transición, la informalidad se consolidó como parte estructural del sector.
El problema no es solo la apertura
El informe plantea un punto clave: el fracaso del proteccionismo no convierte automáticamente a la apertura en una solución mágica. Abrir la economía sin corregir distorsiones internas puede agravar problemas existentes, especialmente para los trabajadores más vulnerables.
La comparación internacional muestra que la industria textil se organiza según la dotación de factores. Los países desarrollados concentran diseño, alta costura y valor intelectual, mientras que los países de menores salarios ejecutan las etapas más intensivas en mano de obra. Argentina ocupa una posición intermedia, lo que exige una estrategia propia, no una copia mecánica de modelos ajenos.
Impuestos distorsivos y competitividad desigual
Uno de los factores que más afectan a la producción formal es la estructura tributaria. Mientras que el IVA grava por igual al producto nacional y al importado, impuestos como Ingresos Brutos, Sellos, tasas municipales y el Impuesto al Cheque recaen con mayor peso sobre la producción local.
Esto genera una desventaja estructural que empuja a muchas empresas a informalizar parte de su actividad para sobrevivir. En este contexto, la discusión sobre apertura o cierre pierde sentido si no se aborda el corazón del problema: producir formalmente es más caro que importar o informalizar.

Modernización laboral como condición necesaria
El informe también pone el foco en la modernización del sistema laboral. No se trata solo de reducir costos, sino de dar seguridad jurídica a esquemas de tercerización y trabajo independiente que ya existen de hecho.
Sin reglas claras, la informalidad seguirá siendo el refugio natural de miles de trabajadores y empresas pequeñas. Con un marco moderno, en cambio, parte de esa actividad podría formalizarse, mejorando ingresos, cobertura social y productividad.
Impacto en el interior del país
La industria textil tiene una fuerte presencia federal. En provincias del interior, donde el empleo industrial es clave para la economía local, la precarización laboral tiene un impacto directo sobre el consumo, la recaudación y la cohesión social.
En regiones con tradición algodonera y textil, como Chaco, la informalidad no es solo un problema laboral, sino un límite al desarrollo regional, porque impide consolidar cadenas de valor más sofisticadas y estables.
Qué implica para empresas y pymes
Para las empresas textiles y las pymes del sector, el escenario actual es de alta fragilidad. Competir con importaciones, soportar una carga impositiva distorsiva y operar en un mercado con consumo débil deja poco margen para invertir, innovar o formalizar empleo.
Muchas firmas quedan atrapadas en una lógica defensiva, donde sobrevivir implica resignar escala, calidad laboral o proyección de largo plazo.

Qué mirar hacia adelante
Para InfoEmpresas, el diagnóstico es claro: ni el proteccionismo por sí solo ni la apertura aislada resuelven el problema del empleo textil. La evidencia muestra que proteger sin reformar genera ropa más cara, empleo informal y salarios en caída.
El desafío es avanzar hacia una integración al mundo eficiente y sostenible, acompañada por una reforma tributaria que elimine impuestos distorsivos y una modernización laboral que dé previsibilidad. Sin esos cambios, el sector seguirá “sobreviviendo”, pero cada vez más lejos de generar desarrollo, empleo de calidad y competitividad real.




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