
Descuentos y cuotas sin interés reaparecen como una herramienta clave para atravesar uno de los picos de gasto del año.


Deudas millonarias, cheques sin fondos y plantas paralizadas ponen en jaque a la principal avícola del país.
Actualidad11 de febrero de 2026 Infoempresas


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La situación de Granja Tres Arroyos, la mayor empresa avícola de la Argentina, dejó de ser un problema interno para convertirse en un caso testigo del estrés financiero que atraviesa parte del entramado productivo. Con plantas cerradas, salarios adeudados, cheques rechazados y miles de pollos en riesgo, la compañía enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia.
El escenario no solo compromete a la firma, sino que genera un efecto dominó sobre proveedores, trabajadores, economías regionales y el abastecimiento de alimentos, en un sector estratégico para el consumo masivo.

Granja Tres Arroyos ocupa un rol dominante en la avicultura nacional. Su escala, integración vertical y presencia territorial la convirtieron durante años en un actor clave para el abastecimiento interno y la exportación de carne aviar.
Por eso, la magnitud de la crisis actual genera preocupación más allá del ámbito empresario. No se trata de una pyme aislada, sino de una compañía cuya operatoria articula granjas integradas, frigoríficos, logística y empleo directo e indirecto en varias provincias.
El deterioro operativo se volvió visible con el cierre de Becar, una de sus plantas clave en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. La decisión, presentada inicialmente como una reestructuración para concentrar operaciones, derivó en el desmantelamiento total de las instalaciones y el traslado forzado de trabajadores a otras plantas.
La incertidumbre se profundizó cuando comenzaron a circular versiones sobre un posible cierre de La China, la planta principal en esa zona. De concretarse, el impacto laboral sería inmediato, con la pérdida de al menos 700 puestos de trabajo, en una región donde la avicultura es uno de los pilares económicos.
La crisis financiera se trasladó rápidamente al frente laboral. La empresa registra atrasos en el pago de salarios, quincenas y aguinaldos, lo que disparó conflictos gremiales y un clima de alta tensión entre los trabajadores.
Para muchas familias, estos ingresos son la principal fuente de sustento, por lo que la falta de previsibilidad agrava el impacto social. El conflicto recuerda a procesos anteriores que terminaron en cierres masivos y quiebras, con consecuencias duraderas para las economías locales.
El frente financiero es uno de los más delicados. Granja Tres Arroyos acumula deudas millonarias con el sistema bancario, con compromisos distribuidos entre entidades públicas y privadas. A esto se suma un dato especialmente sensible: la emisión de casi 150 cheques sin fondos, por un monto cercano a los $4.000 millones.
Este nivel de incumplimientos refleja un problema de liquidez profundo y sostenido, que dejó a la empresa sin margen para sostener su operatoria normal ni cumplir con la cadena de pagos.
Uno de los efectos más dramáticos de la crisis se da en la base productiva. Las granjas integradas, que crían pollos para la empresa, comenzaron a sufrir retrasos en la entrega de alimento balanceado.

La situación derivó en alertas del sector rural, que advirtió que miles de aves podrían morir por falta de provisión. En algunos casos, los galpones alojan más de 50.000 pollos, lo que convierte cualquier interrupción logística en un problema sanitario, productivo y económico de gran magnitud.
El quiebre de la cadena de pagos deja a estos productores en una posición crítica, sin capacidad de reconvertir su actividad en el corto plazo.
Si bien la crisis se aceleró en los últimos meses, no surgió de un día para otro. La empresa arrastra dificultades desde 2023, cuando los brotes de gripe aviar cerraron mercados externos clave, en especial China.
La pérdida de exportaciones implicó un golpe estimado en 160 millones de dólares, que alteró de manera estructural el equilibrio financiero de la firma. Desde entonces, la operatoria quedó expuesta a un mercado interno con márgenes más ajustados y costos crecientes.
El caso de Granja Tres Arroyos revive recuerdos de colapsos anteriores en el sector, como los de Cresta Roja, San Sebastián y Praver. En todos ellos, el denominador común fue una combinación de endeudamiento, caída de ingresos y dificultades para sostener la escala productiva.
La diferencia, en este caso, es la dimensión de la empresa y el alcance de su red productiva, lo que amplifica el impacto potencial.
La avicultura funciona como un sistema altamente integrado. Cuando el eslabón principal se debilita, el golpe se traslada de inmediato a pymes proveedoras, transportistas, productores primarios y comercios locales.
Muchas de estas empresas dependen casi exclusivamente de su vínculo con la avícola, por lo que la crisis amenaza con generar quebrantos en cascada, especialmente en el interior del país.
En regiones donde la avicultura es uno de los motores económicos, el riesgo es doble. A la pérdida de empleo directo se suma la caída del consumo local, la recaudación y la actividad comercial.
Este tipo de crisis vuelve a mostrar la vulnerabilidad de las economías regionales frente a problemas financieros de grandes jugadores, y la falta de herramientas rápidas para amortiguar el impacto social.
Más allá del caso puntual, la situación de Granja Tres Arroyos abre interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo productivo. Costos crecientes, dependencia de mercados externos, financiamiento caro y márgenes ajustados conforman un escenario desafiante.
Para el sector, el desafío es evitar que una crisis empresarial se transforme en un daño estructural permanente, con pérdida de capacidad productiva y retroceso en la oferta de alimentos.

Para InfoEmpresas, el caso de Granja Tres Arroyos es una señal de alerta que trasciende a una sola empresa. Expone los límites de un esquema donde el endeudamiento, la dependencia de pocos mercados y la fragilidad financiera pueden derrumbar estructuras productivas de gran escala.
El desenlace todavía es incierto. Pero el impacto ya es real y visible: empleo en riesgo, proveedores al límite y una cadena productiva clave bajo tensión. La resolución de esta crisis será determinante no solo para la empresa, sino para el futuro de la avicultura argentina y la estabilidad de cientos de pymes y comunidades del interior.



Descuentos y cuotas sin interés reaparecen como una herramienta clave para atravesar uno de los picos de gasto del año.

La mayoría de los trabajadores perdió poder adquisitivo y el sueldo se agota entre alquiler, alimentos y deudas.

Deudas millonarias, cheques sin fondos y plantas paralizadas ponen en jaque a la principal avícola del país.

El sector perdió trabajo registrado, bajó salarios reales y sostiene actividad con ocupaciones precarias, aun con años de protección.