La pérdida de poder adquisitivo, el fuerte aumento de los servicios y el uso creciente del crédito para sostener el consumo están dejando una consecuencia cada vez más visible: más familias tienen dificultades para pagar sus deudas. La morosidad del financiamiento no bancario ya alcanza el 33,9% y los mayores niveles se concentran en provincias con salarios por debajo del promedio nacional.
La nueva etapa del financiamiento hipotecario suma fondos para compra, construcción, ampliación y refacción. Los préstamos tendrán un plazo mínimo de 15 años, una tasa máxima de UVA + 7,5% y podrán alcanzar hasta 150.000 UVA.
Las tasas para descontar cheques registraron un repunte y alcanzaron el 27,76% TNA. Sin embargo, para las empresas comienza a ganar peso otro factor: poder anticipar cuánto costará financiarse y tomar decisiones con mayor previsibilidad.