


Por qué pedir un crédito cuesta mucho más que lo que se gana con un plazo fijo?



⌚ Tiempo de lectura: 1:50 min.
El contraste es difícil de ignorar. Un banco puede ofrecer una Tasa Nominal Anual cercana al 20% por un plazo fijo a 30 días y, al mismo tiempo, aplicar tasas de hasta 130% anual en determinados créditos personales o financiaciones con tarjeta.
La diferencia puede ser todavía mayor cuando se mira cuánto termina pagando efectivamente quien se endeuda. Al incorporar impuestos y otros cargos, el Costo Financiero Total (CFT) puede alcanzar el 200% anual.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿por qué existe semejante diferencia entre lo que el banco paga por recibir dinero y lo que cobra por prestarlo?
La clave está en el spread bancario
La diferencia entre la tasa que una entidad paga por captar dinero y la que cobra cuando lo presta se conoce como spread bancario.
Actualmente, la brecha entre las tasas de préstamos personales y las de plazo fijo alcanza aproximadamente 45,7 puntos porcentuales, más del doble del promedio histórico de 22,6 puntos.
Pero esa diferencia no puede interpretarse simplemente como ganancia del banco. Entre ambas tasas aparecen distintos costos y riesgos que terminan encareciendo el crédito.

1. Prestar dinero implica asumir riesgo
El primer factor es el riesgo de que el cliente no pague.
Cuando aumenta la morosidad, las entidades necesitan cubrirse frente a potenciales pérdidas. Ese riesgo termina incorporándose al precio del financiamiento.
En otras palabras, cuanto mayor es la posibilidad de incumplimiento, más caro puede resultar prestar dinero. Parte de ese costo termina distribuido entre el conjunto de clientes que solicita financiamiento.
2. Conseguir dinero para prestar también tiene un costo
Otro elemento es la liquidez del sistema financiero.
Si los bancos encuentran mayores dificultades para conseguir fondeo, aumenta el costo de disponer de recursos para otorgar préstamos. Esa situación puede trasladarse posteriormente a las tasas ofrecidas a consumidores y empresas.
Así aparece una paradoja: las tasas que reciben los depositantes pueden bajar más rápido que las tasas de los créditos. El costo del financiamiento minorista presenta mayor rigidez y demora más tiempo en ajustarse.

3. Impuestos y costos se agregan a la tasa
El precio final de un préstamo tampoco depende exclusivamente de la tasa de interés.
Sobre la actividad financiera inciden Ingresos Brutos, sellos, tributos sobre créditos y débitos, además de costos operativos propios de las entidades.
Por eso existe una diferencia fundamental entre mirar solamente la TNA y analizar el Costo Financiero Total.
El CFT permite conocer de manera más precisa cuánto terminará costando realmente una financiación.
4. Las tasas tienen mayor libertad para reflejar el riesgo
La eliminación de límites sobre determinadas tasas e intereses permitió que bancos y financieras tengan mayor margen para establecer el costo del financiamiento según el riesgo crediticio de cada cliente.
Esto significa que dos personas pueden enfrentar condiciones diferentes según su perfil, antecedentes y capacidad de pago.

5. La morosidad también golpea a las fintech
La situación es incluso más sensible en algunos segmentos digitales.
La mora en fintech y billeteras virtuales pasó del 7,3% en octubre de 2024 al 29,6% en mayo de 2026. Frente a un nivel de incumplimiento tan elevado, el riesgo asumido al prestar aumenta y puede traducirse en tasas superiores.
La brecha entre depósitos y préstamos, entonces, responde a una combinación de factores. Riesgo de incobrabilidad, costo del fondeo, menor liquidez, impuestos, gastos operativos y libertad para determinar tasas ayudan a explicar por qué el dinero que el banco recibe puede resultarle mucho más barato que el dinero que luego presta.
Para consumidores, comerciantes y empresas, la consecuencia práctica es clara: antes de tomar un crédito ya no alcanza con comparar la tasa anunciada. El indicador decisivo es el Costo Financiero Total, porque muestra con mayor precisión cuánto habrá que devolver.




Melconian advierte por el rumbo económico: los 3 objetivos que el Gobierno ya no podría sostener al mismo tiempo

En Chaco la actividad pyme cayó 7% en julio: los sectores que más sufren y por qué el optimismo todavía no llega a la inversión

La carne baja de precio pero el consumo interno no logra reaccionar

Energía distribuida: el modelo que puede bajar costos y acelerar la transición energética en Argentina

La CAC advierte: menos consumo, mayores costos y un desafío clave para las empresas

Lo que dejó la semana: claves económicas para comenzar con ventaja


