


Por la morosidad empresaria, conseguir crédito vuelve a ser un desafío para las pymes argentinas.



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El acceso al crédito empresarial atraviesa un momento de transición. Mientras las tasas de interés son considerablemente más bajas que las registradas un año atrás, las entidades financieras comenzaron a ser mucho más cautelosas al momento de otorgar préstamos.
El resultado es un escenario con dos realidades bien marcadas: empresas con buena calificación que logran financiarse en mejores condiciones y un amplio universo de pymes que enfrenta mayores exigencias para acceder al capital necesario para sostener su actividad o impulsar nuevas inversiones.

El dinero cuesta menos, pero no llega a todos
Durante los últimos meses, el costo financiero mostró una importante reducción. Sin embargo, eso no significó una mejora automática en el acceso al crédito.
Hoy, muchas empresas buscan refinanciar obligaciones tomadas durante períodos de tasas mucho más elevadas, intentando reducir sus costos financieros. No obstante, la posibilidad de obtener esas condiciones depende cada vez más de la evaluación de riesgo que realizan los bancos.
En otras palabras, no todas las compañías reciben las mismas oportunidades, aun cuando operen dentro del mismo mercado.

La morosidad sigue baja, pero preocupa su tendencia
Uno de los factores que explica esta mayor prudencia bancaria es el incremento gradual de la morosidad empresarial.
Si bien el nivel general continúa siendo reducido en comparación con otros períodos, la evolución de los últimos meses muestra un crecimiento sostenido que encendió señales de alerta dentro del sistema financiero.
Esta situación lleva a las entidades a fortalecer sus procesos de evaluación, solicitar mayores garantías y seleccionar con más cuidado los proyectos que financian.
Para muchas pequeñas empresas esto significa más requisitos, mayores tiempos de aprobación y menores posibilidades de acceder al financiamiento.

Las pymes, las más afectadas
Las empresas de menor tamaño aparecen entre las más expuestas.
Aquellas vinculadas principalmente al mercado interno sienten con mayor intensidad la desaceleración de algunos sectores de la economía y, al mismo tiempo, encuentran más dificultades para obtener nuevos créditos.
En numerosos casos, el objetivo ya no pasa por financiar inversiones, sino por reestructurar pasivos, mejorar el flujo de fondos y preservar la liquidez necesaria para continuar operando.
Esta combinación de menor actividad y crédito más selectivo genera un desafío adicional para el segmento pyme, históricamente más dependiente del financiamiento bancario.
La carga impositiva vuelve al centro del debate
Otro de los reclamos que gana fuerza dentro del sector productivo está relacionado con el costo tributario que soportan los préstamos.
Diversos actores empresariales sostienen que impuestos nacionales, provinciales y municipales incrementan significativamente el costo financiero, reduciendo la competitividad y dificultando el acceso al crédito formal.
La discusión no pasa únicamente por bajar las tasas de interés, sino también por revisar aquellos componentes que encarecen el financiamiento antes de que el dinero llegue a las empresas.




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