
Obras sociales para monotributistas y una elección cada vez más estratégica
En febrero de 2026 siguen habilitadas solo 41 prestadoras y la afiliación correcta se vuelve clave para no quedarse sin cobertura.


El programa prioriza la desinflación y el tipo de cambio, pero traslada el costo al ingreso real.
Opinión29 de enero de 2026 Infoempresas


⌚ Tiempo de lectura estimado: 2 min
El programa económico del Gobierno avanza con un objetivo central: ordenar precios, cuentas fiscales y tipo de cambio. Sin embargo, para la economista Marina Dal Poggetto, esa estrategia tiene una consecuencia clara: el salario real se convierte en la principal variable de ajuste, especialmente para la clase media.
En un contexto donde los precios de bienes no bajan al ritmo esperado y muchos servicios continúan ajustándose por encima de la inflación promedio, los ingresos laborales quedan expuestos. El resultado es una pérdida persistente de poder adquisitivo que no siempre aparece reflejada de manera homogénea en los indicadores generales.

El esquema oficial apuesta a anclas fuertes, con foco en el tipo de cambio y la disciplina fiscal. Ese enfoque permite cierta previsibilidad macroeconómica, pero genera fricciones en la microeconomía cotidiana.
Gastos como educación privada, salud, alquileres y servicios regulados muestran dinámicas propias que no siempre acompañan la desaceleración inflacionaria. Para los hogares de ingresos medios, estos rubros pesan cada vez más dentro del presupuesto mensual, reduciendo margen de consumo y capacidad de ahorro.
La presión sobre los salarios no es solo un problema social, sino también económico. Cuando el ingreso real no acompaña, el consumo se resiente. Y en una economía donde gran parte de las pymes y comercios dependen del mercado interno, esa contracción se traduce en menor volumen de ventas y más cautela empresarial.
La clase media, tradicionalmente motor del consumo urbano, empieza a recortar gastos discrecionales y a priorizar lo esencial. Ese comportamiento tiene efectos en cadena sobre sectores como comercio, servicios e industria liviana.

Dentro de este esquema, algunos sectores productivos quedan más expuestos. La industria aparece entre los más rezagados, enfrentando costos en dólares, apertura comercial y una demanda interna debilitada.
Cuando el ajuste se da vía ingresos y no vía una baja significativa de costos estructurales, muchas empresas quedan atrapadas entre precios que no pueden subir y costos que no logran reducir, derivando en suspensiones, recortes de turnos o cierres.
El diagnóstico pone el foco en un punto clave: la clase media absorbe buena parte del reordenamiento económico. Con ingresos presionados y gastos rígidos, el ajuste se vuelve silencioso pero persistente.
Este fenómeno se refleja en mayor endeudamiento, uso de crédito de corto plazo y menor previsibilidad financiera de los hogares, una tendencia que ya empieza a sentirse con fuerza en el interior del país.

La discusión de fondo no pasa solo por si el programa logra bajar la inflación, sino por cómo se distribuye el costo de esa estabilización. Si el salario sigue siendo la principal válvula de ajuste, la recuperación del consumo y del mercado interno puede demorarse más de lo esperado.
Para InfoEmpresas, el desafío es claro: sin una recomposición sostenida del ingreso real, la estabilidad macro corre el riesgo de no traducirse en crecimiento genuino para empresas, pymes y economías regionales.



En febrero de 2026 siguen habilitadas solo 41 prestadoras y la afiliación correcta se vuelve clave para no quedarse sin cobertura.

La posible eliminación del impuesto interno reabre expectativas de bajas reales en un mercado que ya venía ajustando en dólares.

La nueva tabla de incapacidades reduce enfermedades cubiertas, baja indemnizaciones y reabre el debate sobre litigiosidad y empleo.

Enero cerró con más de 66.000 patentamientos, fuerte rebote mensual y un ranking que confirma el protagonismo de pick ups y autos regionales.