


Alarma en el corazón productivo, se pierden hasta 1.500 empleos industriales por mes



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La industria nacional no repunta y la preocupación ya es estructural. Desde marzo, el empleo formal en el sector viene cayendo en picada y, según los datos que compartió el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, se están perdiendo entre 1.000 y 1.500 puestos industriales por mes.

El dato no es menor, y marca una señal de alarma para toda la cadena productiva. La apertura comercial, el aumento de las tasas de interés y la caída de la demanda están generando un combo explosivo que afecta tanto a grandes como pequeñas industrias. En palabras de Rappallini: “Estamos más preocupados por la falta de actividad que por la competencia externa”.
Un sector, múltiples velocidades
La UIA distingue al menos tres velocidades dentro del entramado industrial:
Sectores que crecen: minería, automotriz, motos y línea blanca.
Sectores que se recuperan: alimentos y farma.
Sectores en crisis: construcción, cueros, calzado, metalmecánica y textiles, con caídas de entre el 15% y el 30%, según el caso.

Suspensiones, tasas y morosidad al límite
En este contexto adverso, muchas empresas optaron por suspensiones de personal como medida transitoria para evitar despidos masivos. El esquema más frecuente incluye acuerdos donde se paga solo una parte del salario y se suspenden los aportes patronales, algo que se volvió común en los últimos tres meses.
A esto se suma un problema financiero cada vez más evidente: la suba de tasas encarece el crédito y ya se observan más cheques rechazados y mayor morosidad. “Convivir con una tasa tan alta es muy complicado para cualquier industria”, explicó Rappallini.

El reclamo empresarial: reforma laboral e impositiva urgente
Uno de los pedidos más fuertes del sector es avanzar, sin demoras, en una reforma laboral y tributaria.
Según la UIA, la carga impositiva total —nación, provincias y municipios— representa entre el 30% y el 50% del costo de producción, una desventaja enorme frente a competidores como Brasil, donde las condiciones impositivas son más benignas.
Rappallini fue claro: “En 20 años acumulamos distorsiones que hay que corregir”, y advirtió que muchas empresas ya quedaron fuera de juego.




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