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El precio del combustible creció miles de puntos, pero perdió contra la inflación y abre un nuevo escenario para empresas y logística.
Actualidad27 de enero de 2026 Infoempresas


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Entre 2018 y 2025, el precio de la nafta en la Argentina atravesó una de las subas más pronunciadas de su historia reciente. En términos nominales, el litro de nafta súper pasó de $23,57 a $1.564, lo que representa un incremento del 6.535%. El gasoil, insumo clave para el transporte y la producción, mostró una suba aún mayor, del 7.452%.
Sin embargo, cuando se compara esta evolución con la inflación acumulada del período, el resultado cambia de lectura: el Índice de Precios al Consumidor avanzó un 7.885%, por encima del aumento de los combustibles. En términos reales, la nafta y el gasoil quedaron rezagados frente al resto de los precios de la economía.

El comportamiento del combustible no puede analizarse de manera aislada. Durante estos años, la combinación de inflación crónica, devaluación del peso y controles de precios generó fuertes distorsiones. Durante varios tramos del período 2018–2022, el valor del litro de nafta medido en dólares se mantuvo relativamente estable, en torno a los USD 0,85.
La corrección más fuerte llegó tras la aceleración cambiaria de fines de 2023, cuando los precios en pesos quedaron retrasados frente al dólar. Ese desfasaje comenzó a corregirse recién en 2024 y 2025, con ajustes más frecuentes en los surtidores.
El año 2025 marcó un punto de inflexión. A diferencia de etapas anteriores, los aumentos de combustibles acompañaron de cerca la devaluación controlada del tipo de cambio oficial, que rondó el 39%. Como resultado, el precio del litro de nafta se estabilizó alrededor de los USD 1,08, evitando saltos bruscos y reduciendo distorsiones en la cadena energética.
Este comportamiento se dio incluso en un contexto internacional favorable, con precios del crudo relativamente estables, lo que permitió aplicar una política de ajustes graduales sin trasladar tensiones externas al mercado interno.

Para las empresas, especialmente pymes y sectores logísticos, el precio del combustible es una variable crítica. Que la nafta haya subido menos que la inflación alivió parcialmente los costos relativos, pero no eliminó el problema: en términos nominales, el impacto en caja sigue siendo significativo.
En el interior del país y en provincias como Chaco, donde el transporte terrestre es central para abastecer comercios y mover producción, cualquier variación en el gasoil se traduce rápidamente en costos logísticos, precios finales y competitividad.
A pesar de los aumentos, Argentina sigue mostrando precios bajos frente a la región. Mientras el litro local ronda los USD 1,10, en países vecinos como Uruguay y Chile los valores superan ampliamente ese nivel. Esta brecha sugiere que aún existe un componente de atraso relativo o subsidio implícito, condicionado por la política cambiaria.
Para las empresas, este dato es clave: un eventual reacomodamiento futuro podría impactar de lleno en los costos de transporte y distribución.

El escenario de “normalización” alcanzado en 2025 depende de una variable central: la estabilidad cambiaria. Si se mantiene un esquema de ajustes graduales, el impacto sobre empresas y consumo podría ser previsible. Pero una corrección brusca del tipo de cambio volvería a poner presión sobre los combustibles y, con ellos, sobre toda la economía real.
Para InfoEmpresas, la evolución del precio de la nafta no es solo una discusión energética: es un factor silencioso que define costos, márgenes y precios en todo el entramado productivo, especialmente en el interior del país.



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