


Superávit fiscal crece porque el Estado no paga lo que debe



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A primera vista, las cuentas públicas muestran un dato contundente: superávit fiscal. Pero detrás de ese número aparece una dinámica más compleja que empieza a encender alertas en la economía real. La clave no está solo en lo que el Estado paga, sino en lo que decide no pagar.
Un superávit que se explica por lo impago
En marzo, el Gobierno informó un superávit primario de $930.284 millones. Sin embargo, en paralelo, la deuda flotante —gastos comprometidos pero no cancelados— creció de forma acelerada, alcanzando los $4,04 billones.
El dato central: el 74% del superávit del primer trimestre se explica por pagos postergados. En términos técnicos, se trata de la diferencia entre base caja (lo que se paga) y base devengado (lo que se debe). Si se computaran todos los compromisos asumidos, el resultado sería negativo.

Impacto directo en la economía real
La acumulación de deuda no es un dato contable aislado. Tiene consecuencias concretas:
Obra pública paralizada
Proveedores pymes sin cobrar
Prestadores de salud con atrasos
Subsidios demorados
La deuda flotante ya ronda los $5,6 billones, equivalente a unos US$ 4.000 millones, funcionando como un mecanismo de financiamiento involuntario del Estado sobre el sector privado.
El problema es estructural: cuando una empresa no cobra, retrasa pagos, reduce inversión o directamente cierra. Y cada cierre implica menos actividad y menos recaudación futura.

La otra cara: la recaudación en caída
Mientras el gasto se ajusta, los ingresos también muestran deterioro:
8 meses consecutivos de caída real de la recaudación
-7,3% interanual en el primer trimestre 2026
-35% en derechos de exportación en marzo
-3,8% en recursos de la seguridad social
La base imponible se achica porque la actividad cae: 22.000 empresas cerradas y 300.000 empleos formales perdidos desde 2023.
El circuito que preocupa al sector productivo
Se configura un esquema que se retroalimenta:
Se ajusta el gasto
Se frena la actividad
Baja la recaudación
Se profundiza el ajuste o se postergan pagos
El resultado es un círculo contractivo que afecta tanto al Estado como al entramado productivo. La falta de política productiva, crédito y dinamización industrial agrava el escenario.

Un equilibrio con límite
El superávit existe, pero bajo condiciones que generan tensión. La deuda flotante creciente, la recaudación en descenso y la actividad económica debilitada plantean una pregunta central: cuánto tiempo puede sostenerse este esquema sin impactar de lleno en las cuentas públicas.
El indicador a seguir no es solo el resultado fiscal, sino la capacidad real de pago del Estado y su efecto en la economía.




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