

Para Marina Dal Pogetto el equilibrio económico todavía es frágil
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La tensión geopolítica en Medio Oriente vuelve a encender alertas sobre la evolución de los precios en la economía global. En el caso de Argentina, el principal canal de impacto sería el precio del petróleo y su traslado a los costos energéticos y logísticos.
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán generó preocupación en los mercados internacionales, especialmente por el riesgo de interrupciones en el comercio energético mundial.

El petróleo como factor clave para la inflación
Uno de los puntos más sensibles para la economía argentina es la evolución del precio del crudo.
El barril de petróleo actualmente se mueve en una franja de 63 a 67 dólares, pero un agravamiento del conflicto podría llevarlo a valores cercanos a 80 o incluso 100 dólares.
Ese escenario implicaría un aumento de costos en combustibles, transporte y energía, variables que suelen trasladarse rápidamente a los precios de la economía doméstica.
Para una economía que intenta consolidar un proceso de desaceleración inflacionaria, el encarecimiento de la energía podría convertirse en un nuevo factor de presión sobre los precios.
El riesgo global que puede impactar en la Argentina
Uno de los focos de atención del conflicto internacional es el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde circula una parte significativa del comercio mundial de petróleo y gas natural.
Cualquier interrupción en esa ruta marítima podría generar una suba abrupta del precio de la energía en los mercados globales.
En ese contexto, incluso países que no participan directamente en el conflicto —como Argentina— pueden experimentar efectos indirectos a través de los precios internacionales.

La otra cara del consumo: cuotas más pesadas
El nuevo escenario económico también impacta en el consumo y el crédito.
Durante años, muchos argentinos accedieron a bienes durables mediante financiamiento en cuotas fijas que se licuaban con la inflación. Sin embargo, con una inflación más baja y salarios que no crecen al mismo ritmo, ese mecanismo dejó de funcionar.
El resultado es un aumento de la morosidad en distintos segmentos del crédito.
En el financiamiento no bancario, la mora promedio ronda 22%, mientras que en empresas que venden electrodomésticos con crédito propio el incumplimiento supera el 40% de los clientes.
Esto refleja un cambio en la dinámica del consumo: las cuotas que antes perdían peso real con la inflación hoy se mantienen más rígidas frente a ingresos que crecen con mayor lentitud.

Un equilibrio económico todavía frágil
La economía argentina atraviesa una etapa en la que la inflación comienza a moderarse, pero todavía enfrenta múltiples riesgos externos.
Los precios internacionales de la energía, la evolución del conflicto en Medio Oriente y las condiciones financieras globales pueden influir directamente en la dinámica local.
Para empresas y comercios del interior —como ocurre en provincias productivas y comerciales como Chaco— cualquier aumento en los costos energéticos o logísticos impacta rápidamente en la estructura de precios y en la rentabilidad.
Para InfoEmpresas, el desafío del programa económico será sostener el proceso de desinflación sin que shocks externos, como una suba fuerte del petróleo, vuelvan a acelerar los precios en una economía todavía sensible a los cambios del contexto internacional.



