


Argentina: menos hijos, más mujeres trabajando y un mercado laboral que no responde



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La Argentina atraviesa una transformación silenciosa que tendrá consecuencias durante las próximas décadas. Mientras la natalidad cae a un ritmo histórico, cada vez más mujeres jóvenes buscan incorporarse al mercado laboral. El problema es que esa mayor participación no está siendo acompañada por la creación de empleo formal, lo que amenaza con desaprovechar uno de los mayores activos económicos del país: el bono demográfico.
Una caída histórica en los nacimientos
El fenómeno no es exclusivo de la Argentina. Europa, Japón, Corea del Sur y China llevan años intentando revertir la baja natalidad mediante subsidios, licencias especiales e incentivos económicos, aunque con resultados limitados.
En el país, el descenso también es contundente.
Entre 2003 y 2015 nacían, en promedio, 737.000 niños por año. En cambio, durante 2024, último dato disponible, los nacimientos descendieron hasta 413.000, una reducción cercana al 44% en poco más de una década.
Aunque programas sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH) mantienen beneficios específicos para las familias con hijos, la cantidad de prestaciones otorgadas también disminuye año tras año, reflejando que la baja de la maternidad atraviesa a todos los sectores sociales.

Más mujeres trabajan... pero en la informalidad
La menor cantidad de hijos también tiene un efecto económico positivo: más mujeres disponen de tiempo para incorporarse al mercado laboral.
Sin embargo, el diagnóstico que presenta IDESA es preocupante.
Entre 2015 y 2025, unas 220.000 mujeres de entre 20 y 29 años ingresaron al mercado de trabajo.
La distribución de esos nuevos empleos evidencia el problema:
140.000 consiguieron trabajo como asalariadas privadas no registradas.
130.000 comenzaron a trabajar como cuentapropistas.
Mientras tanto, las asalariadas formales disminuyeron en 50.000 puestos.
En otras palabras, la mayor parte del crecimiento laboral femenino ocurrió en actividades informales o de baja calidad, con menores ingresos, menos estabilidad y sin cobertura de seguridad social.

El bono demográfico: una oportunidad que puede perderse
Los especialistas explican que esta etapa representa lo que se conoce como bono demográfico.
Se trata de un período en el que aumenta la proporción de personas en edad de trabajar respecto de niños y adultos mayores. Esa situación genera condiciones favorables para incrementar la producción, el ahorro y el crecimiento económico.
Pero el beneficio tiene una condición: crear empleo de calidad.
Si la incorporación de trabajadores ocurre principalmente en la informalidad, el país pierde la posibilidad de fortalecer su economía antes del inevitable proceso de envejecimiento poblacional.

Qué cambios propone IDESA
El informe sostiene que aprovechar esta ventana de oportunidad requiere avanzar en varias reformas estructurales.
Entre las principales medidas menciona:
Consolidar la estabilidad macroeconómica.
Impulsar una reforma laboral que facilite la contratación formal.
Reducir la litigiosidad laboral.
Crear un mínimo no imponible para las contribuciones patronales, especialmente orientado a las micro y pequeñas empresas, donde se concentra gran parte del empleo informal.
Mejorar la calidad educativa, para elevar la productividad futura de la fuerza laboral.
El desafío ya no pasa únicamente por que más mujeres trabajen. La verdadera diferencia estará en que puedan acceder a empleos registrados, estables y productivos, capaces de transformar el cambio demográfico en una ventaja para el desarrollo económico argentino.




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