

Los almacenes pisan fuerte, el consumo cambia y los súper retroceden
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El consumo masivo en Argentina comienza a mostrar señales de mejora, pero lo hace con una dinámica distinta a la de años anteriores. Ya no se trata únicamente de un rebote en volumen, sino de un cambio estructural en los hábitos de compra. En este nuevo escenario, los formatos de cercanía como almacenes y autoservicios independientes se posicionan como los principales ganadores, mientras que los supermercados de cadena enfrentan una caída sostenida.

Los datos son contundentes. En el último período analizado, los autoservicios crecieron 4% y los almacenes avanzaron 8%, mientras que las grandes cadenas registraron una caída del 4%. Este comportamiento no es casual: responde a un consumidor que prioriza el control del gasto, la cercanía y la compra frecuente en volúmenes más pequeños.
Actualmente, el canal tradicional concentra el 34% del consumo de productos masivos, superando levemente a los supermercados, que reúnen el 31%. Más atrás se ubican kioscos y minimercados con 15%, autoservicios con 14% y farmacias con 5%. Este reparto evidencia un cambio profundo: el consumidor se aleja de las compras grandes y planificadas y se acerca a una lógica más flexible y cotidiana.
En términos estratégicos, esto abre oportunidades concretas para los comercios de barrio. Su principal fortaleza es la proximidad, pero también la capacidad de adaptarse rápidamente a la demanda, ofrecer atención personalizada y ajustar precios o surtido según el comportamiento del cliente. En un contexto económico desafiante, esa flexibilidad se convierte en ventaja competitiva.

A nivel general, la recuperación del consumo es moderada. Durante 2025, el consumo per cápita creció 2% respecto de 2024, aunque aún se mantiene por debajo de los niveles de 2017. Esto indica que, si bien hay una mejora, el poder adquisitivo todavía no logra recomponerse completamente.
Además, la recuperación no es homogénea entre rubros. Alimentos y bebidas logran sostenerse, mientras que categorías como cosmética y limpieza continúan rezagadas. Esto confirma que el consumidor sigue priorizando lo esencial.
Otro punto clave es el comportamiento de las marcas. En supermercados, crecen las opciones premium y mainstream, mientras que en almacenes predominan las marcas económicas. Es decir, el canal también condiciona la decisión de compra: el consumidor no actúa igual según dónde compra.

El inicio de 2026 mantiene la misma tendencia. Se proyecta una suba del consumo del 1% interanual, con supermercados en retroceso y el canal tradicional en crecimiento. En enero, las cadenas cayeron 1%, mientras que los formatos de cercanía avanzaron 1,5%.
Para el ecosistema comercial, este escenario obliga a repensar estrategias. Las Empresas deben entender que el crecimiento no será homogéneo ni automático, sino que dependerá de su capacidad de adaptarse a este nuevo consumidor: más racional, más fragmentado y más cercano.
En este contexto, los almacenes dejan de ser una opción secundaria para consolidarse como un actor central del consumo cotidiano. El desafío ahora es capitalizar esta oportunidad y sostener el crecimiento en el tiempo.



