La cadena porcina apuesta a exportar más para sostener el crecimiento

Con consumo interno en alza pero importaciones récord, el sector necesita exportar para equilibrar rentabilidad y escala.
Actualidad04 de febrero de 2026 Infoempresas
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Un balance positivo que muestra límites

La cadena porcina cerró 2025 con un desempeño dispar. Por un lado, el consumo interno volvió a crecer y se consolidó como el principal sostén de la actividad. Por otro, las exportaciones no lograron despegar y las importaciones alcanzaron un récord, generando tensiones en la rentabilidad del sector.

Desde la Asociación de Productores de Porcinos Magros señalaron que el año fue de contexto cambiante y con un comportamiento atípico: el primer semestre resultó mejor que el segundo en términos de márgenes, algo poco habitual en la dinámica del sector.

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Consumo firme y por encima de otras carnes

Uno de los datos más relevantes de 2025 fue el avance del consumo interno. La carne porcina cerró el año con un promedio móvil de 18,9 kilos por habitante, lo que implicó un crecimiento interanual del 8,8%.

Este desempeño superó al de otras proteínas animales. Mientras la carne bovina creció alrededor del 3% y la aviar el 5,6%, el cerdo se posicionó como la opción más competitiva en precio y la más elegida por los consumidores. Este cambio consolida una tendencia de largo plazo en los hábitos alimentarios.

Producción en alza pero lejos del ritmo histórico

En línea con el consumo, la producción también mostró números positivos. Durante 2025, la faena y la producción de carne porcina crecieron cerca del 3%, un avance valorado por el sector en un año de reacomodamiento macroeconómico.

Sin embargo, el ritmo quedó lejos del promedio de expansión de años anteriores, cuando el crecimiento anual rondaba el 7%. La señal es clara: el mercado interno empuja, pero no alcanza para sostener un salto estructural.

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Importaciones en niveles récord

El principal foco de preocupación aparece del lado externo. Las importaciones de carne porcina superaron las 53.000 toneladas, representando alrededor del 6,5% del consumo aparente. Fue el volumen más alto de la última década.

Si bien en los últimos meses del año se observó una leve tendencia a la baja en el ingreso de carne importada, impulsada por una mejora relativa del precio local en dólares frente a Brasil, el nivel sigue siendo elevado y presiona sobre los precios internos.

Exportaciones débiles y el motor que falta

En contraste, las exportaciones cerraron 2025 con apenas 12.369 toneladas, una caída interanual del 15%. Para el sector, este es el punto crítico.

Hoy se importan, en promedio, 4.500 toneladas mensuales a valores superiores a los 3.200 dólares por tonelada, mientras que se exportan solo 1.300 toneladas, a precios cercanos a los 1.200 dólares. El desequilibrio limita la capacidad de crecer sin saturar el mercado interno.+

Costos en alza y márgenes ajustados

A este escenario se suma la presión de los costos. En 2025, el costo de producción subió cerca del 47%, mientras que el precio del capón aumentó apenas un 16%. Esta brecha deterioró la rentabilidad de las granjas y obligó a operar con márgenes cada vez más finos.

Sin una válvula de escape vía exportaciones, el sector advierte que en 2026 podría repetirse un escenario de precios internos contenidos, necesarios para sostener el consumo, pero insuficientes para recomponer márgenes.

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Impacto en economías regionales y el interior

La producción porcina tiene un fuerte anclaje territorial. Muchas granjas y frigoríficos se ubican en el interior del país, donde la actividad genera empleo directo e indirecto. La combinación de importaciones altas y exportaciones débiles pone en riesgo inversiones y planes de expansión.

Aunque Chaco no es un polo porcino central, el efecto se traslada a proveedores, logística y al entramado agroindustrial que depende de una cadena dinámica y rentable.

Qué mirar hacia adelante

Para InfoEmpresas, el diagnóstico del sector es claro. El consumo interno mostró fortaleza y permitió sostener la actividad, pero no alcanza para pensar en un crecimiento sostenible. Sin un plan exportador consistente, la cadena seguirá creciendo de manera limitada y expuesta a shocks externos.

El desafío para 2026 será abrir mercados, ganar volumen exportable y equilibrar la balanza, sin perder competitividad en el mercado interno que hoy sostiene al cerdo como una de las carnes más elegidas por los argentinos.

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